# Balones con propaganda y un ministro en la playa: la primera crisis del gobierno De la Espriella

Las imágenes que empañan la gestión del pos‑terremoto y abren un frente de desgaste temprano

Fecha registrada: 2026-08-17T23:02:23.127Z
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## Resumen

A una semana de iniciar su mandato y en plena emergencia por el terremoto de magnitud 7,4, el gobierno de Abelardo de la Espriella enfrenta su primera crisis política. Las fotos del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, descansando en una playa de Santa Marta y el video del presidente repartiendo balones con propaganda de su movimiento a víctimas en Buenaventura desataron una ola de indignación ciudadana y llamados a moción de censura. El episodio pone bajo la lupa la gestión política y comunicacional del pos‑terremoto y anticipa riesgos para la legitimidad del nuevo gabinete.

La primera gran crisis política del gobierno de Abelardo de la Espriella no llegó por una decisión legislativa ni por un escándalo de corrupción, sino por imágenes. En plena conmoción nacional por el terremoto de magnitud 7,4 que dejó centenares de muertos y miles de heridos en el occidente del país, las fotos del ministro de Vivienda Jaime Andrés Beltrán descansando en una playa de Santa Marta y el video del presidente repartiendo balones con propaganda política a víctimas en Buenaventura desataron un incendio reputacional difícil de contener.

La secuencia comenzó la noche del domingo, cuando varios medios locales divulgaron imágenes de Beltrán recostado en sillas frente al mar, en una residencia de lujo en la capital del Magdalena. El episodio ocurrió mientras la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo reportaba más de 127.000 viviendas averiadas, 26.000 destruidas y cerca de 200 edificios colapsados, sobre todo en Chocó, Risaralda y Valle del Cauca. En redes sociales, ciudadanos y dirigentes de izquierda y derecha cuestionaron que el responsable de la política de vivienda descansara lejos de las zonas devastadas y reclamaron su renuncia.

La reacción institucional no tardó. Desde la Cámara de Representantes se anunció el trámite de una moción de censura contra el ministro, bajo el argumento de que su conducta desconoce la gravedad de la emergencia y el mandato que acaba de recibir el nuevo Gobierno. Beltrán respondió al mediodía del lunes con un mensaje en redes: aseguró que no estaba de vacaciones, sino compartiendo unas horas con su familia tras varios días de trabajo, y defendió que su reto es “construir casas sin destruir el hogar”. El matiz humano no desactivó las críticas, alimentadas además por viejas declaraciones suyas en las que reprochaba a un exalcalde salir de viaje en plena pandemia.

En paralelo, otra imagen se volvía viral desde Buenaventura. Durante una visita al puerto para anunciar refuerzos sanitarios y la reactivación del buque hospital, un video mostró a De la Espriella entregando balones de fútbol amarillos, marcados con el logo de su movimiento Defensores de la Patria, a niñas y niños afectados por el sismo. La denuncia, difundida por el activista Carlos Parra, cuestionaba que, con más de 10.000 familias damnificadas y casi un millar de viviendas destruidas solo en la ciudad, el jefe del Estado escogiera un gesto con evidente carga de campaña. Líderes sociales como Leonard Rentería subrayaron que Buenaventura necesita alimentos, techo y soluciones frente a las mareas, no merchandising político.

Las críticas fueron más allá de la anécdota. Para sectores opositores y analistas, los dos episodios condensan una desconexión entre el discurso de ruptura con la “vieja política” y las prácticas que recuerdan al cálculo simbólico de siempre. Algunos compararon la escena de los balones con el recordado lanzamiento de toallas de papel de Donald Trump a damnificados en Puerto Rico, como ejemplo de un liderazgo centrado en la imagen personal antes que en la empatía efectiva.

Hasta ahora, la Presidencia ha optado por resaltar los anuncios de ayuda, los viajes del mandatario a las zonas afectadas y la promesa de descentralizar la reconstrucción, sin pronunciarse de forma directa sobre el uso de logos partidistas en donaciones ni sobre el descanso del ministro. Esa estrategia de minimizar la controversia entraña riesgos: en un contexto donde la emergencia económica ampliará el margen de maniobra del Ejecutivo, cualquier señal de privilegio o propaganda en medio del dolor puede alimentar sospechas de “reconstrucción selectiva” y de utilización partidista de los recursos.

En términos de gestión política y comunicacional, la crisis revela un gobierno que aún no ajusta sus reflejos de campaña a las exigencias del poder. La insistencia en la marca personal del presidente, la centralidad de símbolos como el color y el logo de su movimiento, y la decisión de rodearse de aliados muy cercanos —como Beltrán— dificultan separar la ayuda de la propaganda y exponen al gabinete a acusaciones de improvisación. Si el terremoto es la primera gran prueba de legitimidad para De la Espriella, la forma en que responda a estos tropiezos —respaldando o relevando a su ministro, fijando reglas claras sobre la visibilidad partidista en las ayudas— marcará la confianza pública en todo el ciclo de reconstrucción que apenas comienza.

## Resumen ampliado

Las primeras grietas del gobierno de Abelardo de la Espriella aparecieron en medio del esfuerzo por responder al devastador terremoto que golpeó el occidente de Colombia. Mientras el balance oficial de muertos, heridos y viviendas destruidas sigue en aumento, la opinión pública se concentró en dos gestos simbólicos: un ministro clave del gabinete descansando frente al mar Caribe y el propio presidente entregando balones de fútbol amarillos con el logo de su movimiento político a familias damnificadas en Buenaventura. Las imágenes circularon inicialmente en redes sociales y medios locales, y luego detonaron críticas de líderes sociales y congresistas de todo el espectro, que ya impulsan una moción de censura contra el ministro de Vivienda. Aunque el Gobierno reivindica sus anuncios de ayuda y la presencia constante en las zonas afectadas, la controversia revela fallas de lectura del momento, confusión entre campaña y gobierno y un riesgo temprano de erosión de confianza en la reconstrucción.

## Fuentes y referencias

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