El Senado mexicano aprobó la nueva Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación, que fija aranceles de entre 5 % y 50 % a 1.463 productos provenientes sobre todo de China y de otros países sin tratado comercial, con énfasis en los sectores textil, siderúrgico, electrodomésticos y automotriz. Pekín calificó la medida de proteccionista y pidió a México corregirla, mientras analistas la leen como un intento de proteger empleo e industria local y, al mismo tiempo, enviar una señal de alineamiento a Estados Unidos de cara a la próxima revisión del T-MEC.
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URGENTEMéxico desafía a China: el Senado aprueba fuertes aranceles a 1.463 productos
La nueva ley busca proteger industria y complacer a Washington, pero irrita a Pekín

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México desafía a China: el Senado aprueba fuertes aranceles a 1.463 productos
El aval del Senado mexicano a la nueva Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación marca un giro en la política comercial del país: desde 2026 impondrá aranceles de entre 5 y 50 % a 1.463 productos, en su mayoría provenientes de China y de otros países asiáticos sin tratado de libre comercio. La reacción de Pekín fue inmediata: el Ministerio de Comercio acusó a México de adoptar medidas “unilateralistas y proteccionistas” y le pidió corregirlas, advirtiendo que dañan los intereses del comercio bilateral.
Qué cambió con la nueva ley
La reforma, impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum y aprobada con 76 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones, reconfigura el arancel aplicable a bienes que hoy, en muchos casos, entran casi libres de impuestos. Los nuevos gravámenes se concentran en cuatro grandes bloques: textil‑confección, siderúrgico, electrodomésticos y automotriz, además de insumos plásticos, aluminio y otros bienes de consumo.
De acuerdo con estimaciones legislativas, las 1.463 fracciones arancelarias representan alrededor de 8,6 % de las importaciones totales de México y un valor cercano a 52.000 millones de dólares.
Los argumentos del gobierno
El Ejecutivo sostiene que los aranceles son temporales y selectivos, diseñados para corregir “distorsiones” generadas por importaciones con precios considerados desleales y para reducir la dependencia de insumos asiáticos en cadenas clave. También los vincula con la estrategia de relocalización de empresas (nearshoring): al subir el costo de los insumos importados desde países sin tratado, se pretende incentivar la producción local de textiles, acero, autopartes y componentes para electrodomésticos.
Hacienda y Economía calculan, además, una recaudación adicional de miles de millones de pesos que ayudaría a cerrar el déficit fiscal sin recurrir a nuevos impuestos internos, argumento sensible en un contexto de desaceleración económica.
Críticas internas y riesgos económicos
Oposición y organizaciones empresariales advierten que el golpe puede ser doble. Por un lado, encarecería prendas de vestir, calzado, línea blanca, electrónicos de bajo costo y partes automotrices que hoy provienen masivamente de China, India o Vietnam, presionando la inflación y castigando a los hogares de menores ingresos. Por otro, elevaría los costos de producción de sectores exportadores que dependen de insumos asiáticos, como la industria automotriz y de autopartes, que surte al mercado norteamericano.
Empresarios del ramo automotor alertan que sustituir de inmediato componentes chinos —por ejemplo, pantallas y módulos electrónicos— no es sencillo y podría frenar inversiones o desplazar producción hacia otros países. Las cadenas de valor fronterizas, integradas entre plantas de México y Estados Unidos, podrían resentir cuellos de botella y perder competitividad frente a fabricantes europeos o asiáticos que producen fuera de Norteamérica.
China, Estados Unidos y el T‑MEC
En el plano externo, el mensaje es delicado. China, que en los últimos años se convirtió en el segundo socio comercial de México, interpreta la ley como una señal hostil y se reserva el derecho de responder en foros multilaterales o mediante medidas propias. Eso podría afectar proyectos de inversión chinos en manufactura, energía y logística.
Al mismo tiempo, la reforma se lee como un guiño a Washington en vísperas de la revisión del T‑MEC. Estados Unidos ha acusado a México y Canadá de servir como plataforma de entrada a bienes asiáticos hacia su mercado. Al endurecer aranceles a 1.463 productos de países sin tratado, el gobierno de Sheinbaum busca mostrar alineamiento con la agenda de seguridad económica norteamericana, pero corre el riesgo de tensar su relación con Pekín y de sacrificar parte de la diversificación comercial que México ha intentado construir en la última década.
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La reforma arancelaria, impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum y aprobada por amplia mayoría en el Senado, reconfigura los impuestos de importación para 1.463 fracciones arancelarias, con tarifas de entre 5 % y 50 % que empezarán a regir en 2026 sobre bienes mayoritariamente originarios de China y otros países asiáticos sin acuerdo comercial con México. El paquete se concentra en textiles, acero, plásticos, electrodomésticos y productos automotrices, que suman alrededor de 8,6 % de las importaciones mexicanas y decenas de miles de millones de dólares anuales. El Ejecutivo defiende la medida como herramienta para corregir distorsiones, fomentar el nearshoring y aumentar la recaudación, mientras la oposición y el sector privado alertan sobre mayores costos, inflación y riesgos para las cadenas de valor de exportación. China la denuncia como proteccionista y la decisión se inserta en un contexto de fuerte presión estadounidense sobre las importaciones asiáticas y de la próxima revisión del T-MEC.
Fuentes y referencias
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