Rusia lanzó un ataque masivo con 36 misiles y 242 drones contra Kiev y la región de Leópolis, en el que por segunda vez utilizó su misil balístico hipersónico Oreshnik cerca de la frontera con la OTAN, dejando al menos cuatro muertos y decenas de heridos. Moscú presenta la operación como represalia por un supuesto ataque ucraniano con drones a una residencia de Vladímir Putin, versión que Kiev y Estados Unidos niegan. Volodímir Zelenski, la Unión Europea y Washington alertan de una peligrosa escalada que complica las negociaciones de paz y refuerza la dimensión nuclear‑simbólica del conflicto para la seguridad europea.
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URGENTERusia estrena el Oreshnik en un ataque masivo sobre Ucrania y desafía a Europa
El uso del misil balístico hipersónico cerca de la OTAN eleva el riesgo de escalada

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Rusia estrena el Oreshnik en un ataque masivo sobre Ucrania y desafía a Europa
Un ataque masivo con un mensaje estratégico
Rusia lanzó en la madrugada un ataque aéreo de gran escala contra Ucrania que combinó 36 misiles y 242 drones, dirigidos contra infraestructuras energéticas y de comunicaciones en Kiev y en la región de Leópolis. Al menos cuatro civiles murieron —entre ellos un paramédico que atendía a víctimas de un primer impacto— y más de una veintena resultaron heridos, mientras centenares de miles de habitantes quedaron temporalmente sin electricidad ni calefacción.
El elemento más inquietante fue el empleo del misil balístico hipersónico Oreshnik, disparado contra un objetivo estratégico en el oeste de Ucrania, a escasa distancia de la frontera con Polonia, miembro de la OTAN. Se trata apenas del segundo uso conocido de este sistema desde su estreno en combate en 2024 y del primero cerca del territorio de la Unión Europea.
El misil Oreshnik: capacidades y simbolismo
El Oreshnik es un misil balístico de alcance intermedio, móvil y de base terrestre, capaz de superar Mach 10 y de transportar múltiples ojivas, convencionales o nucleares, en vehículos de reentrada independientes. Su diseño deriva del RS‑26 Rubezh y está concebido para cubrir todo el teatro europeo. Ucrania carece hoy de defensas capaces de interceptarlo, lo que convierte cada lanzamiento en un recordatorio de la vulnerabilidad de su retaguardia occidental y de los países vecinos.
En esta ocasión, tanto fuentes ucranianas como analistas occidentales apuntan a que el misil habría volado con ojivas inertes, como ya ocurrió en 2024. Eso reduce el daño físico directo pero refuerza su función como herramienta de intimidación nuclear: Moscú exhibe una capacidad nuclear‑capaz sin cruzar formalmente el umbral atómico, buscando disuadir a la OTAN de intensificar su apoyo militar a Kiev.
El pretexto del supuesto ataque contra Putin
El Ministerio de Defensa ruso presentó el disparo del Oreshnik como represalia por un presunto ataque ucraniano con drones contra una residencia de Vladímir Putin en diciembre. Kiev niega tajantemente haberlo intentado y lo califica de “invención” destinada a sabotear las conversaciones de paz en curso. Servicios de inteligencia estadounidenses también consideran que no hubo tal ataque, reforzando la percepción de que el Kremlin construye un casus belli a medida para justificar una escalada cuidadosamente calibrada.
El contexto diplomático es clave: la andanada llega pocos días después de avances en París hacia garantías de seguridad posguerra para Ucrania y de discusiones sobre un eventual despliegue de tropas europeas en territorio ucraniano tras un alto el fuego, algo que Rusia describe como “amenaza directa” a su seguridad.
Reacciones y riesgos de escalada para Europa
El presidente Volodímir Zelenski pidió una “reacción clara” del mundo, “sobre todo de Estados Unidos”, y subrayó que el uso de un misil de alcance medio tan cerca del territorio de la Unión Europea plantea el mismo desafío para Varsovia, Budapest o Bucarest que para Kiev.
La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, calificó el empleo del Oreshnik como “clara escalada” y un aviso dirigido tanto a Europa como a Washington, reclamando más sistemas de defensa aérea y sanciones adicionales contra Moscú. Desde Bruselas, la Comisión Europea habla de “amenaza” a la seguridad continental y promete mantener la ayuda militar.
En Washington, funcionarios de inteligencia han desmentido la narrativa del Kremlin sobre la residencia de Putin y ven el lanzamiento como un intento de introducir armamento nuclear‑capaz en la ecuación negociadora, aunque por ahora se use con cargas inertes. Para Europa, cada empleo del Oreshnik cerca de la frontera de la OTAN eleva el riesgo de errores de cálculo y encarece políticamente cualquier acuerdo de paz sin garantías de seguridad sólidas para Ucrania.
Análisis y resumen ampliado con IA
El último ataque ruso contra Ucrania combinó 36 misiles y 242 drones contra infraestructuras críticas en Kiev y la región de Leópolis, afectando gravemente el suministro eléctrico y de calefacción y causando al menos cuatro muertos y decenas de heridos, según autoridades ucranianas. El episodio destaca por el uso del misil balístico hipersónico Oreshnik, un sistema de alcance intermedio, nuclear‑capaz y casi imposible de interceptar, disparado cerca de la frontera polaca. Moscú lo presenta como represalia por un supuesto ataque ucraniano con drones a una residencia de Vladímir Putin, que Kiev y servicios de inteligencia estadounidenses consideran fabricado. Zelenski reclama una reacción más firme de Estados Unidos y la Unión Europea, mientras Bruselas y varias capitales europeas denuncian una “clara escalada”. El empleo del Oreshnik endurece las posiciones, eleva el riesgo de errores de cálculo y complica cualquier arquitectura de paz creíble para Ucrania y Europa.
Fuentes y referencias
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