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Ley de Amnistía en Venezuela despierta alarma entre venezolanos con asilo y TPS en Estados Unidos

ONG advierten que el “fin de la persecución” podría usarse para negar protección a migrantes

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La Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, aprobada recientemente por la Asamblea Nacional venezolana y promulgada por Delcy Rodríguez, busca cerrar un ciclo de persecución política, pero su alcance limitado y sus exclusiones han encendido alarmas entre organizaciones de derechos humanos y de la diáspora. Colectivos en Miami advierten que Washington podría utilizar esta norma como argumento para negar asilo, cancelar TPS o acelerar deportaciones de venezolanos, alegando que ya no existe persecución estatal. Mientras el gobierno venezolano presenta la amnistía como un gesto de reconciliación, ONG especializadas sostienen que no desmantela el aparato represivo ni garantiza un retorno seguro para quienes huyeron.

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Ley de Amnistía en Venezuela despierta alarma entre venezolanos con asilo y TPS en Estados Unidos

La aprobación de la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática en Venezuela ha sido presentada por el gobierno de Delcy Rodríguez como un punto de inflexión para cerrar heridas políticas y facilitar la liberación de presos por motivos de conciencia. Sin embargo, a pocos días de su entrada en vigor, la norma ya genera un efecto colateral inesperado: organizaciones de la diáspora y de derechos humanos en Estados Unidos advierten que podría convertirse en un arma jurídica contra los venezolanos que buscan o mantienen protección migratoria en ese país.

Qué contempla realmente la Ley de Amnistía

El texto aprobado por la Asamblea Nacional contiene 16 artículos y, en teoría, cubre hechos ocurridos desde 1999 hasta la actualidad. No obstante, su alcance real se restringe a trece episodios concretos: el golpe de Estado de 2002, el paro petrolero de 2002-2003, varias oleadas de protestas (2004, 2007, 2009, 2013, 2014, 2017, 2019) y acontecimientos ligados a procesos electorales recientes, incluyendo los comicios cuestionados de 2024 y 2025.

La ley extingue la acción penal y ordena a los tribunales sobreseer las causas en un plazo breve, además de limpiar antecedentes policiales y judiciales de los beneficiarios. Se ha estimado que unas 2.700 personas podrían verse favorecidas, y ya se reportan decenas de excarcelaciones. Al mismo tiempo se creó una comisión especial del Parlamento para dar seguimiento a los casos y coordinar con el Tribunal Supremo y el Ministerio Público la aplicación homogénea del beneficio.

Exclusiones y grietas en la promesa de reconciliación

Pese a su amplitud temporal, la amnistía establece límites severos. Se excluyen violaciones graves de derechos humanos, delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra, homicidio intencional, narcotráfico, corrupción y la participación en “acciones armadas o de fuerza” con intervención extranjera o invocación de sanciones internacionales. Esta última cláusula apunta a figuras opositoras que apoyaron abiertamente presiones externas contra el chavismo. También quedan fuera alrededor de dos centenares de militares acusados de rebelión.

Además, organizaciones internas como Foro Penal señalan que el verdadero período cubierto por los episodios listados equivale, en la práctica, a apenas unos meses dispersos en casi tres décadas, dejando sin protección a víctimas cuya persecución fue camuflada como delitos comunes o se produjo en lapsos no contemplados. La ley tampoco prevé verdad, reparación ni reformas institucionales en cuerpos de seguridad y sistema judicial, pilares del aparato represivo de los últimos años.

La alarma entre la diáspora y ONG en Estados Unidos

En Miami, organizaciones como AMAVEX, VEPPEX y Foro Penal Internacional han lanzado una advertencia directa: la narrativa oficial de que Venezuela entra en una etapa de “convivencia democrática” puede ser utilizada por las autoridades estadounidenses para sostener que ya no existe persecución política sistemática. A su juicio, esto podría afectar a centenares de miles de venezolanos que han solicitado asilo, están a la espera de entrevistas o dependen del Estatus de Protección Temporal (TPS) y otras figuras humanitarias.

Según estas organizaciones, la combinación de amnistía parcial, discursos de reconciliación y algunas excarcelaciones selectivas podría servir como argumento para que fiscales de inmigración y jueces concluyan que las “condiciones en el país de origen han cambiado de manera fundamental”. Ello debilitaría tanto nuevas solicitudes de asilo basadas en hechos ocurridos antes de la ley como intentos de reabrir casos cerrados alegando riesgo actual de persecución.

Posibles efectos sobre asilo, TPS y otras protecciones

En el sistema migratorio estadounidense, el asilo requiere demostrar un temor fundado de persecución futura por motivos políticos, entre otros. Cuando un país aprueba una amnistía y proclama un giro hacia la normalización democrática, las autoridades tienden a evaluar si ello supone un “cambio de circunstancias” que reduce ese temor. En la práctica, el gobierno podría invocar la nueva ley para argumentar que opositores y activistas ya pueden regresar sin riesgo, incluso si el aparato de seguridad interior se mantiene intacto.

Algo similar podría ocurrir con el TPS para venezolanos, un estatus que el Departamento de Seguridad Nacional renueva o cancela discrecionalmente según evalúe la persistencia de condiciones extraordinarias. Si Washington interpreta la amnistía como señal de estabilización política y reducción de violaciones de derechos humanos, podría endurecer criterios para nuevas designaciones, recortes o revisiones, con impacto directo en el derecho al trabajo y la protección frente a la deportación.

El relato oficial frente a las críticas de las ONG

El gobierno de Delcy Rodríguez insiste en que la amnistía es una herramienta para “curar heridas” y que su implementación rápida demuestra voluntad de reconciliación. Argumenta que las exclusiones responden a estándares internacionales que impiden perdonar crímenes atroces y que cualquier venezolano que no haya cometido delitos graves puede regresar al país sin temor. Medios oficiales presentan las liberaciones recientes como prueba de una nueva etapa política.

Las ONG, tanto dentro como fuera de Venezuela, replican que el perdón sin verdad ni justicia consolida la impunidad de los perpetradores y deja desprotegidas a muchas víctimas. Aseguran que, mientras no se reformen los cuerpos de seguridad ni se revise la instrumentalización del sistema judicial, seguirán existiendo riesgos graves para quienes regresen, especialmente líderes opositores, militares disidentes y activistas identificados. En este escenario, la ley de amnistía se convierte en un doble filo: alivio parcial para algunos presos políticos, pero también posible pretexto para cerrar las puertas a los que buscaron refugio en el exterior.

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La nueva Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, aprobada por unanimidad en el Parlamento venezolano tras la caída de Nicolás Maduro, promete extinguir responsabilidades penales por hechos políticos desde 1999, pero en la práctica se limita a 13 episodios específicos: protestas, crisis institucionales y procesos electorales recientes. Excluye delitos graves como violaciones a derechos humanos, homicidio, narcotráfico, corrupción y, de forma polémica, a quienes habrían promovido intervenciones extranjeras, lo que deja fuera a sectores claves de la oposición y a numerosos militares. Organizaciones como AMAVEX, VEPPEX y Foro Penal Internacional alertan desde Estados Unidos que la ley puede ser interpretada por tribunales migratorios y por el Departamento de Seguridad Nacional como evidencia de “cambio de condiciones” en Venezuela, debilitando solicitudes de asilo, renovaciones de TPS y otras protecciones. El gobierno de Delcy Rodríguez defiende la norma como paso necesario hacia la paz, mientras ONG denuncian que consolida impunidad y pone en riesgo a la diáspora.

Fuentes y referencias

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