En el aniversario del ELN, una cadena de ataques con drones explosivos y hostigamientos armados en Catatumbo, Chocó y Cauca evidenció un patrón de ofensiva coordinada que combina nuevas tecnologías con acciones simbólicas en territorios rurales. Informes de la Fundación Paz y Reconciliación y balances oficiales coinciden en que los drones se han convertido en una táctica recurrente, con graves riesgos para comunidades campesinas y la Fuerza Pública. La escalada reabre el debate sobre los límites de la política de Paz Total del gobierno saliente y los dilemas que heredará el próximo gobierno frente a la disyuntiva entre negociación y confrontación militar.
Drones, aniversario y paz en vilo: la nueva ofensiva del ELN sacude el mapa de la guerra en Colombia
Ataques sincronizados revelan mutación del conflicto y tensan el relevo entre la Paz Total y una línea más dura

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Drones, aniversario y paz en vilo: la nueva ofensiva del ELN sacude el mapa de la guerra en Colombia
La última conmemoración del aniversario del ELN no se limitó a comunicados políticos. En distintas regiones del país, la guerrilla marcó la fecha con una escalada armada que combinó viejas tácticas de hostigamiento con un recurso cada vez más frecuente: drones cargados con explosivos. En Tadó, Chocó, la estación de Policía fue atacada en dos momentos de la mañana mediante artefactos lanzados desde el aire, lo que obligó a activar consejos extraordinarios de seguridad y a ordenar a la población mantenerse alejada de instalaciones oficiales. En paralelo, el Ejército reforzó patrullajes ante la ofensiva que se venía registrando en San José del Palmar y zonas colindantes.
El Catatumbo volvió a ser epicentro de la confrontación. En áreas rurales de El Tarra y Tibú, recientes ataques con drones contra tropas de la Fuerza de Tarea Vulcano dejaron al menos un soldado muerto y varios heridos mientras realizaban operaciones de control territorial. Las Fuerzas Militares han respondido con operaciones aéreas y terrestres que incluyen bombardeos contra estructuras del ELN, en algunos casos con bajas dentro de la propia guerrilla, pero sin frenar del todo la capacidad de hostigamiento. Los mandos castrenses describen el uso de drones como una “práctica terrorista” que pone en riesgo tanto a la tropa como a la población civil.
En Chocó, la Procuraduría General rechazó con contundencia un ataque en San José del Palmar que dejó cerca de una decena de uniformados heridos por drones explosivos, incidente que obligó a evacuarlos en aeronaves militares. Meses atrás, una secuencia de ataques casi simultáneos en esa misma zona y en el municipio de Suárez, Cauca, mostró un patrón de coordinación: mientras soldados eran alcanzados por artefactos lanzados desde drones en la vereda Alto del Oso, una estación de Policía caucana era hostigada con disparos y un dron impactaba su infraestructura. La simultaneidad y la elección de objetivos uniformados refuerzan la lectura de una ofensiva planificada.
La Fundación Paz y Reconciliación advierte que, en el primer semestre del año, el uso de drones con explosivos dejó de ser un experimento aislado para convertirse en táctica recurrente en el Catatumbo. Según su análisis, esta tecnificación del conflicto altera las reglas del juego: los aparatos son baratos, difíciles de detectar y permiten lanzar cargas sobre puestos policiales, patrullas, viviendas o entables de procesamiento de droga, a menudo cerca de caseríos campesinos. En varios casos recientes se han registrado civiles muertos o heridos y desplazamientos forzados tras ataques dirigidos supuestamente contra rivales armados.
Para las comunidades rurales, el impacto va más allá de las cifras. Líderes locales reportan miedo a trabajar en cultivos alejados, suspensión de clases por riesgo de sobrevuelo de drones y una desconfianza creciente hacia cualquier presencia armada, estatal o ilegal. La percepción de que la guerra “cae del cielo” sin previo aviso agrava el estrés psicológico en veredas donde ya conviven minas antipersonal, enfrentamientos y economías de guerra.
La respuesta del Estado combina contención y adaptación. Gobernaciones y alcaldías han convocado consejos de seguridad urgentes, mientras la Policía y el Ejército anuncian inversiones en sistemas antidrones, capacitación especializada y refuerzo de bases vulnerables. No obstante, funcionarios locales señalan que los inhibidores de señal, radares y equipos de detección siguen siendo escasos, y que la protección de escuelas, puestos de salud y vías terciarias continúa dependiendo de patrullas que también son objetivo de estos ataques.
La escalada coincide con el ocaso de la política de Paz Total impulsada por el gobierno de Gustavo Petro. Aunque esa apuesta permitió avanzar con otros grupos armados, la relación con el ELN ha sido errática: del cese al fuego bilateral y las rondas de negociación se pasó a suspensiones de la mesa tras ataques considerados “crímenes de guerra” en el Catatumbo. En paralelo, el ELN lanzó mensajes públicos proponiendo un “acuerdo nacional” y anunciando ceses unilaterales temporales, mientras seguía ejecutando secuestros y atentados, lo que debilitó la confianza social en el proceso.
En el plano político, la ofensiva con drones se ha convertido en munición contra la Paz Total. Sectores de oposición y el presidente electo Abelardo de la Espriella sostienen que los diálogos con el ELN solo le dieron oxígeno a una organización que hoy exhibe mayor capacidad de fuego y control territorial, y han prometido una línea de mano dura que descarta volver a una mesa de negociación. Del otro lado, voces como la del excandidato Iván Cepeda insisten en que cualquier estrategia sostenible debe combinar presión militar con la posibilidad de retomar conversaciones, pero bajo condiciones estrictas, empezando por el fin de los ataques a civiles.
El nuevo gobierno heredará un tablero complejo: una guerrilla con retaguardia binacional, mejores tecnologías y arraigo en economías ilegales; unas Fuerzas Militares exigidas a la vez en el combate y en la adaptación tecnológica; y comunidades rurales agotadas, atrapadas entre discursos de paz y ciclos de violencia que se renuevan. Más allá de la retórica sobre negociación o confrontación, la verdadera prueba estará en si la próxima administración logra reducir el riesgo cotidiano para estas poblaciones y contener una escalada que hoy, con drones sobrevolando los cielos del Catatumbo, Chocó y Cauca, parece lejos de remitir.
Análisis y resumen ampliado
Durante la conmemoración de su aniversario, el ELN protagonizó una nueva ola de ataques en varias regiones: drones con explosivos contra tropas en el Catatumbo, hostigamientos y artefactos lanzados desde el aire contra estaciones de Policía y unidades militares en Tadó y San José del Palmar, así como acciones casi simultáneas en Cauca. De acuerdo con informes recientes de la Fundación Paz y Reconciliación, esta tecnificación del conflicto convirtió a los drones en una de las principales tácticas ofensivas en el primer semestre del año, con impacto directo sobre comunidades rurales que viven entre el fuego cruzado y el miedo permanente. Mientras las Fuerzas Militares reportan bombardeos, capturas y consejos de seguridad extraordinarios, crece la presión política sobre la Paz Total de Gustavo Petro y se anticipa un giro más duro bajo el gobierno entrante, que ha prometido descartar cualquier negociación con el ELN.
Fuentes y referencias
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