El último informe de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI recorta la previsión de crecimiento global para 2026 al 3,1 % y eleva la inflación esperada al 4,4 %, al incorporar el impacto de la guerra en Irán y del bloqueo parcial del estrecho de Ormuz sobre los precios de la energía y las condiciones financieras. El Fondo traza tres escenarios: uno base de desaceleración controlada y dos alternativos, en los que un shock petrolero más prolongado podría hundir el crecimiento mundial hacia el 2 %, nivel que describe como “cercano a la recesión”. América Latina, con una previsión media de expansión del 2,3 %, combina el alivio que suponen mayores ingresos por exportaciones de hidrocarburos con el riesgo de una nueva oleada inflacionaria y tensiones sociales.
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FMI rebaja el crecimiento mundial por la guerra en Irán y pone a prueba a América Latina
El encarecimiento del petróleo y la incertidumbre acercan al mundo a un escenario de casi recesión

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FMI rebaja el crecimiento mundial por la guerra en Irán y pone a prueba a América Latina
El último informe de Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) llega en pleno conflicto en Irán y con el estrecho de Ormuz parcialmente bloqueado. El organismo recorta su previsión de crecimiento global para 2026 al 3,1 %, dos décimas menos que en enero, y eleva la inflación prevista al 4,4 %, al advertir que el encarecimiento de la energía está frenando una recuperación que parecía consolidada.
Un shock energético con eco inflacionario
La guerra ha provocado el cierre de facto del estrecho de Ormuz y daños significativos en infraestructuras clave de producción y exportación de hidrocarburos en el Golfo Pérsico, lo que ha disparado los precios del petróleo y el gas, así como de combustibles refinados y fertilizantes. El FMI define esta perturbación como un “shock negativo de oferta”: los mayores costos energéticos encarecen el transporte y la producción, erosionan el poder adquisitivo de los hogares y reactivan cuellos de botella en cadenas de suministro.
El informe identifica tres canales de transmisión. Primero, el encarecimiento de energía y materias primas presiona al alza los precios de forma directa. Segundo, empresas y trabajadores intentan compensar la pérdida de ingresos, alimentando el riesgo de espirales salario‑precio cuando las expectativas inflacionarias no están firmemente ancladas. Tercero, el aumento de la aversión al riesgo y de las primas de riesgo puede endurecer las condiciones financieras, depreciar monedas emergentes y frenar la inversión.
Tres escenarios: de la desaceleración al borde de la recesión
El FMI construye tres trayectorias. En el escenario de referencia, la guerra se mantiene relativamente acotada y el alza de la energía se limita a un 19 % en 2026. En este caso, el mundo crecería un 3,1 % y la inflación media alcanzaría el 4,4 %, todavía en descenso frente a picos recientes pero por encima de los objetivos de muchos bancos centrales.
En el escenario adverso, el conflicto y el bloqueo en Ormuz se prolongan, el petróleo ronda los 100 dólares por barril, el gas se encarece de forma sustancial y las condiciones financieras se tensan. El crecimiento global caería al 2,5 % y la inflación subiría al 5,4 %.
El escenario severo contempla daños más profundos y duraderos en la oferta energética, con el petróleo en torno a 110 dólares en 2026 y 125 en 2027 y un fuerte aumento del precio del gas. En este caso, el crecimiento mundial se reduciría al 2 % tanto en 2026 como en 2027, un nivel que el propio Fondo describe como “cercano a la recesión” y observado solo en contadas ocasiones desde 1970.
América Latina: ganadores por el lado del petróleo, vulnerables por la inflación
A pesar del deterioro global, el capítulo regional del informe muestra una ligera mejora para América Latina y el Caribe: el FMI proyecta un crecimiento medio del 2,3 % en 2026, una décima por encima de su estimación de enero, gracias al impulso de algunos exportadores de materias primas.
La región, sin embargo, enfrenta un equilibrio delicado. Países netos exportadores de energía, como Brasil, Colombia, Venezuela o Ecuador, se benefician de mejores términos de intercambio y mayores ingresos fiscales, pero a costa de presiones inflacionarias internas y riesgo de apreciación cambiaria que resta competitividad a otros sectores. Para los importadores netos, el shock significa facturas energéticas más elevadas, subsidios difíciles de sostener y menos espacio para políticas sociales.
Además, muchas economías latinoamericanas llegan a este nuevo episodio con tasas de interés todavía elevadas tras el ciclo de endurecimiento monetario de los últimos años y con niveles de deuda pública que limitan la capacidad de desplegar escudos fiscales amplios. El FMI insiste en que los apoyos deben ser “temporales y focalizados” y compatibles con planes creíbles de consolidación.
Colombia, México y Venezuela: tres caras del mismo shock
Según las proyecciones basadas en la base de datos del FMI, Colombia mantendría en 2026 un crecimiento en torno al 2,3 %, con una inflación que podría repuntar hasta cerca del 5,9 %, una de las tasas más altas de Sudamérica. Como exportador de crudo, el país obtiene un colchón de ingresos externos, pero el encarecimiento del combustible interno, la tensión entre el banco central y el gobierno sobre el ritmo de recortes de tipos y la incertidumbre regulatoria pesan sobre la inversión.
México, por su parte, presenta una previsión de expansión del 1,6 % en 2026 y del 2,2 % en 2027, ligeramente revisada al alza gracias a un cierre de 2025 más sólido y a menores aranceles de lo esperado en su relación con Estados Unidos. No obstante, el país combina la exposición a precios más altos de combustibles importados con la necesidad de mantener una política monetaria restrictiva y una consolidación fiscal gradual, lo que limita el margen para amortiguar el golpe sobre hogares y empresas.
Venezuela aparece como el caso más extremo: el FMI le asigna un crecimiento del 4,0 % en 2026 y del 6,0 % en 2027, apoyado en la recuperación tras el cambio político y en los altos precios del petróleo, pero junto a una inflación proyectada cercana al 387 %, reflejo de una inestabilidad monetaria crónica. El país se beneficia de manera directa del shock petrolero, pero su fragilidad institucional y el riesgo de sanciones o interrupciones en la producción hacen que esa bonanza sea particularmente volátil.
Riesgos inmediatos y desafíos de política
El informe del FMI concluye que la principal amenaza para América Latina en los próximos meses es una prolongación del conflicto en Irán que mantenga el petróleo por encima de los 100 dólares y obligue a prolongar las políticas monetarias restrictivas. En ese contexto, la región se enfrentaría a un dilema: proteger a las poblaciones más vulnerables del alza del costo de vida sin desanclar expectativas inflacionarias ni deteriorar aún más las cuentas públicas.
Para países como Colombia y México, el reto será combinar prudencia fiscal y monetaria con señales claras de estabilidad regulatoria que sostengan la inversión en medio de la incertidumbre. En Venezuela, la prioridad pasa por traducir los mayores ingresos petroleros en estabilidad macroeconómica y reconstrucción institucional, algo que el FMI considera condición necesaria para que el actual repunte no se desvanezca con la próxima oscilación del precio del crudo.
Análisis y resumen ampliado con IA
El FMI presentó un informe de Perspectivas de la Economía Mundial marcado por la guerra en Irán y la interrupción del tráfico energético en el estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20 % del comercio mundial de petróleo y gas. El organismo rebaja el crecimiento global previsto para 2026 al 3,1 % (desde el 3,3 % estimado en enero) y proyecta una inflación del 4,4 % bajo un escenario base que asume un aumento moderado, del 19 %, en los precios de la energía. Los escenarios adverso y severo, con el petróleo en torno a 100 y hasta 110 dólares por barril y un encarecimiento mucho mayor del gas, podrían reducir el crecimiento al 2,5 % o incluso al 2 %, umbral que el Fondo asocia a una situación “cercana a la recesión”. Para América Latina, el FMI prevé un crecimiento del 2,3 % en 2026, con México en 1,6 %, Colombia en 2,3 % y Venezuela en 4 %, impulsada por el petróleo pero con inflación cercana al 400 %. El informe subraya tres canales de transmisión: el shock de precios energéticos, la reacción de salarios y expectativas de inflación, y el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales.
Fuentes y referencias
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